La digestión es la cuestión, el libro de Giulia Enders que resuelve tus dudas alimenticias

¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando un alimento nos sienta mal? ¿Por qué se nos cierra el apetito cuando tenemos una preocupación?

Hace como unos 5 años mi vida se convirtió en un pequeño infierno. Y lo era, básicamente, porque me dolía siempre el estómago. Mucho. Por la mañana, por la tarde y por la noche. Estaba susceptible, preocupada, triste y casi siempre enfadada. Después de remedios caseros, varias idas y venidas al médico de cabecera, muchos "esos son los nervios" y finalmente una endoscopia, dimos con la causa: Helicobacter Pylori. Una bacteria que se instala en el epitelio gástrico humano y provoca úlceras y algunos tipos de gastritis.

Parece exagerado, pero una semana de tratamiento antibiótico me devolvió mi alegría y mi vida normal. ¿Cómo esos seres microscópicos que nos habitan por dentro pueden afectar tanto nuestro estado y manera de ser?

Todos somos conscientes de la estrechísima relación que estómago y cerebro guardan, pero no ha sido hasta hace relativamente poco cuando se ha empezado a estudiar en profundidad el vínculo que existe entre intestino y sistema nervioso central. El tema es tan interesante como complicado, y cualquier acercamiento a él suponía lidiar con los tecnicismos propios de la medicina. Por eso el libro de Guilia Enders es un manual accesible y divertido para divulgar lo que los científicos escriben y debaten a puerta cerrada. Como ella misma dice "si fuéramos transparentes, podríamos ver lo perfecta e inteligente que es nuestra maquinaria interior" y la infinidad de cosas curiosas que ocurren allí dentro.

El segundo cerebro

Según Enders "la red nerviosa del intestino también se denomina cerebro intestinal, porque también es muy extensa y presenta una complejidad química similar". El camino más rápido e importante entre intestino y cerebro es el nervio vago. Discurre por el diafragma, entre el pulmón y el corazón, ascendiendo paralelamente al esófago y le cuenta al cerebro todas las cosas que el intestino sabe de nosotras: las moléculas de nuestra última comida, las hormonas que pululan por nuestra sangre e incluso el estado de nuestras células inmunitarias. Este canal de comunicación hace que nuestro "Yo" esté formado por la cabeza y el estómago, no solo a nivel lingüístico cuando decimos que algo "nos produce un nudo en el estómago", "nos entra el cague" o se nos "amarga el día".

Nuestro cerebro intestinal posee los mismos receptores nerviosos que el cerebro de la cabeza, por lo que los antidepresivos siempre tratan automáticamente a ambos.

Somos lo que comemos

En el intestino encontramos un 99% de la microbiótica o microflora: es decir, el conjunto de todos los microorganismos que pululan por nuestro cuerpo. Nuestra microbiótica intestinal llega a pesar 2 kilos y alberga unos 100 billones de bacterias. Si tenemos en cuenta además que el 80% de nuestro sistema inmunitario se encuentra en el intestino, la importancia de lo que llega hasta él adquiere una relevancia máxima. En este punto Enders nos da algunos consejos alimenticios realmente útiles.

Nos explica que de todas las sustancias alimenticias, la grasa es la más eficiente y valiosa porque es la que revierte nuestros nervios y la que el organismo guarda como reserva para una hipotética hambruna. Al igual que la grasa mala puede tener efectos nocivos en nuestra salud, la grasa buena puede tener consecuencias maravillosas. El aceite de oliva crudo es un bálsamo para el corazón, pero si lo vertemos alegremente en la sartén para darnos un festín de fritanga acabamos con sus propiedades.

Habla también de los probióticos y prebióticos. Los prebióticos son fibras alimenticias que solo pueden ser ingeridas por las bacterias "buenas" que nos pueblan y que se encuentran de manera natural en las alcachofas, los espárragos, las endivias, el ajo, la cebolla, el centeno, la avena o los puerros. La pasta, la pizza o el pan blanco, por ejemplo, son muy pobres en ellas. Respecto a los probióticos nos cuenta que son, básicamente, bacterias vivas que engullimos que fortalecen nuestro sistema inmunitario. Como por ejemplo el yogur, que en origen no es más que leche fermentada alcanzada por bacterias. Un proceso muy similar a lo que le sucedería a ese producto durante nuestra digestión. Por eso tomar uno es darle al estómago "el trabajo ya hecho".

El momento de ir al baño

La autora afirma que nuestro aparato digestivo no solo está subestimado, sino que además nos solemos avergonzar bastante de él. Por eso no se corta un pelo a la hora de llamar a las cosas por su nombre. ¿Sabías que las hemorroides, los trastornos intestinales como la diverticulitis o el estreñimiento solo existen en países donde se evacua en un inodoro? Nuestro aparato de oclusión intestinal no está concebido para abrirse totalmente mientras el sujeto está sentado.

También habla del vómito y nos da el consejo definitivo para no marearnos en nuestro próximo viaje en coche. "Cuando la información que reciben los ojos difiere de la recibida por los oídos, el cerebro no sabe qué va mal y activa todas las posibles palancas de emergencia. El vómito es una de ellas." Si leemos un libro mientras vamos en coche, los ojos reportan "poco movimiento" y el sensor de las orejas afirma "mucho movimiento", por eso hay que mirar a un punto lejano del horizonte, para sincronizar ambas informaciones.

Por ultimo Enders hace un llamamiento a la higiene inteligente. Cuanto más estéril es el hogar, más pronto tendrán sus habitantes alergias y enfermedades autoinmunes. Y es que hace 30 años una de cada diez personas era alérgica a algo, mientras hoy en día lo es una de cada tres. Eso sí, nos advierte del peligro de los estropajos que no se desechan con frecuencia o de los trapos de cocina que se quedan húmedos y que más sirven para la dispersión de bacterias que para secar. Insiste igualmente en la importancia de lavar bien con agua las hortalizas y frutas.

El cuestión clave es saber que la higiene es un sano equilibrio entre un número significativo de bacterias beneficiosas y unas pocas dañinas. Lo mismo sucede con las que nos habitan. Por eso los antibióticos nunca se deben tomar sin prescripción médica y la carne ecológica es una gran opción. "Cuando lo bueno y lo malo están equilibrados, lo malo nos fortalece y lo bueno nos cuida y mantiene sanos."

¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando un alimento nos sienta mal?

¿Por qué se nos cierra el apetito cuando tenemos una preocupación?

¿Sabías que el 95 % de la serotonina (la hormona de la felicidad) se produce en las células intestinales?

 

Estos y otros muchos datos curiosos más son lo que hemos descubierto en La digestión es la cuestión, el best seller de Giulia Enders. La jovencísima investigadora alemana nos cuenta, con su mejor sentido del humor, todos los secretos de nuestro intestino. Una especie de "Aparato digestivo para Dummies" que ahora Urano vuelve a reeditar y que nos ha dejado todas estas prácticas enseñanzas.

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última actualización: 21-03-20

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